jueves 14 de junio de 2007

El mugido del Toro

Frank Howart

LOS TERRITORIOS
DEL TORO

En el año 2002, El Toro de Barro editó Portuaria, una antología preparada por José Andújar Almansa que buscaba acercarse, con motivo del vigésimo aniversario de su primera entrega literaria, a la obra poética de Aurora Luque, una de las voces más coherentes y reconocibles de la poesía española de los años ochenta. De aquel volumen, que mereció la reflexión crítica en El Cultural del diario El Mundo de José Luís García Martín, rescatamos para el lector, al modo de las cuentas de un antiguo collar irrepetible, un puñado de poemas que hemos querido titular -un poco al vuelo- con una de sus imágenes poéticas más delicadas, hermosas, sensibles y afortunadas: Seda roja del cielo en la boca.
También nos ha parecido oportuno y necesario detenernos en esos cinco poemas de su Otoño con los que la poeta mexicana Livia Díaz parece haber querido dar unos pasos más allá de los habituales registros de su poesía, guiada en esta entrega por una clara vocación intimista que se compadece poco -he ahí la sorpresa- con los versos combativos y anudados a los seres aplastados de su América que constituyen el grueso de la creación literaria que de ella conocemos.
También la narrativa nos reserva su sorpresa en este mugido terco, y lo hace con el relato -lleno de gracia y de melancolía- que da título al volumen El hospital inglés, el mismo con el que Juan José Mendoza obtuvo el prestigioso premio de cuentos del tan querido Ateneo de La Laguna, y que El Toro de Barro publicó en el año 2004. La de Mendoza es una narrativa que en modo alguno aspira a la transgresión y que, situándose en experiencias emocionales muy lejanas a las que pueblan las habitaciones más oscuras del alma, tan sólo pretende acercarse a los seres de los que nunca, ni en ningún lugar, jamás nadie nos dará noticia.
Muy distinto es el camino escogido para la suya por el poeta y editor
Carlos Morales en esa historia -inédita- de amor entre un adolescente y una mujer madura que, con el título de Dolores, obtuvo en el año 2006 el premio de narrativa Ciudad de Tarancón. Estamos ante un relato en el que el autor, utilizando un lenguaje de imágenes dislocadas y en cascada, logra recrear una experiencia amorosa llena de voluptuosidad y de ternura ambientada en un mundo de agrestes violencias como es el de la España rural.
Y, finalmente, Cecilia Domínguez y Víctor Álamo de la Rosa nos ayudan a atravesar el umbral de la novela La fiesta de los infiernos, una obra maestra en la que el autor tinerfeño Juan José Delgado ensaya una delirante metáfora del Holocausto de la que, una vez dentro, resulta muy difícil salir. Arpovechando el carnaval, un puñado de locos escapado de un psiquiátrico se hace con el gobierno de una Isla imaginaria y comienza por dedicar las fiestas a la Alemania nazi, ofreciendo a los turistas la posibilidad de alquilar en sendos campos de concretación preparados al efecto barracones infectos con derecho a hambre, tortura y cámara de gas. Con un lenguaje envolvente y sin concesiones que no está exento de un disparatado sentido del humor, Juan José Delgado nos sitúa –sin que ninguna señal nos advierta del cambio al que estamos asistiendo– en un territorio de pura y delirante irrealidad muy cercano al labrado por Elías Cannetti en su memorable Auto de Fe, y extremadamente similar al del esperpento valleinclanesco. La fiesta de los infiernos se nos aparece como una gigantesca alegoría de la Shoá y, al mismo tiempo, como una gran metáfora de las debilidades de nuestra propia civilización. Una obra maestra que, a pesar de todas las dificultades, El Toro de Barro se muestra muy orgulloso de haber sacado adelante en un año que, como el 2002, estuvo plagado de aventuras truncadas, y de no pocas decepciones.

***



Nuestro agradecimiento a José Luis García Martín,
Cecilia Domínguez y Víctor Álamo de la Rosa
por sus valiosas reflexiones literarias..

(Los enlaces directos están en colores más oscuros)

2 comentarios:

quantum dijo...

Gracias por tus palabras en mi espacio que, además, han hecho posible que yo conozca los tuyos y pueda felicitarte por ellos: densa y poderosa tarea.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

El libro de Juan Jos'e Mendoza es realmente delicioso y apaciguador. Creo que para escribir un buen relato no hay que ponerse en situaciones extremas. Con situarse en la realidad, basta.

Laura Gonz'alez.
La Palma.