miércoles 27 de enero de 2010

Aniversario de la liberación de Auschwitz

En el aniversario de la liberación del campo de exterminio de Auschwitz, he creido necesario reproducir aquí una parte de las conclusiones obtenidas tras más de diez años de estudio de la poesía a que dio lugar el más grande genocidio de la Historia, y que espero editar no taradando mucho en el sello de El Toro. Mientras llega ese momento, estoy colgando poco a poco dichas reflexiones en su totalidad en el blog
Las fotografías reproducidas con este texto pertenecen a los archivos del Yad Vashem de Jerusalén, con el que me honro en colaborar.


La Shoa, esa cicatriz

Carlos Morales


Una fotografía tomada en el ghetto de Kovno: eso es todo lo que quedó de Abraham y de Inmanuel, dos pequeños lituanos cuya suerte no fue muy distinta de la que corrieron aquel millón y medio largo de niños o los más de seis millones de personas que, entre 1939 y 1945, fueron víctimas de un sofisticado programa de exterminio de la población judía europea diseñado por los jerarcas nazis como «Solución final» a la decadencia de Occidente. Su gesto perplejo y agotado señala, mejor que ningún otro, el límite que el pensamiento, después de más de seis décadas de esforzadas reflexiones, no ha podido, o sabido, dejar atrás en la difícil hora de encontrar para aquel apocalipsis un mínimo de racionalidad histórica que nos ayude a pensarlo con la misma naturalidad y sentido de la lejanía con que, por ejemplo, solemos hacerlo de la Revolución Francesa o de cualquier otro acontecimiento de nuestro Historia.
Los esfuerzos desplegados en este sentido por la historiografía han sido realmente extraordinarios. En líneas generales, y como ya lo hiciera Winston Churchill, las investigaciones más notorias han venido a encontrar ese “mínimo de racionalidad” en el contexto histórico concreto de la II Guerra Mundial, de la que el genocidio judío habría sido -se nos dice- uno más, pero el más terrible de sus efectos colaterales. Algunos, como Laurence Rees, han especificado incluso aún más el impacto de este contexto histórico, señalando que la «Solución Final» se abrió paso en el horizonte bélico como una suerte de «opción militar» de carácter estratégico “impuesta” a los jerarcas nazis por las distintas contingencias derivadas de un conflicto sin el que, probablemente, jamás hubiera podido ocurrir. Se ha tendido también a diluir su peso en el conjunto de la tragedia europea, destacando que, en el contexto de los veinticinco millones de muertos que los nazis arrojaron a los suelos de Europa, o de los más de cuarenta que el conflicto nos dejó, el exterminio de seis millones de judíos no puede ser considerado como un ejercicio extraordinario o inusitado de crueldad, sino como un «asesinato» jurídicamente equiparable al de los millones de rusos ejecutados como «enemigos de guerra» o al de los que cayeron bajo las ardientes llamaradas de Hiroshima: es decir, como uno más de los muchos «crímenes de guerra» o «contra la humanidad» cometidos durante la Guerra. Los hay también quienes han identificando el asesinato colectivo de millones de judíos con los llevados a cabo, en otros momentos de la Historia, por regímenes más o menos fascistas o autoritarios –de “derechas” o de “izquierdas”– como los que encabezaron Franco, Stalin, Mussolini, Videla, o Augusto Pinochet. Algunos, como José Saramago, han llegado incluso a compararlo, en el fondo y en la forma, con el «genocidio» (¿?) del pueblo palestino en el que estaría empeñado, a día de hoy, el moderno Estado de Israel... En realidad –se nos dice– la tragedia judía no fue para tanto, y si la sola evocación de la Shoa nos sigue provocando escalofríos es algo que tiene menos que ver con su “grandeza” que con los esfuerzos por mantener artificialmente viva la memoria del Holocausto desarrollados con éxito por quienes ven en él la mejor coartada para dar rienda suelta a otros “genocidios” o para ocultar algunos que -como el soviético-, en palabras de Roger Lafont, fueron “mucho más graves que él”...¿?
Más allá de la opinión que nos mereza, y por mucho que nos escandalize decirlo, a semejante visión del Holocausto hay que reconocerle algunas -no muchas- ventajas, que en realidad no tienen más sustancia que la de los espejismos. Al concebirlo como un efecto colateral de la II Guerra Mundial, descarga sobre los hombros de todas de las potencias que participaron en ella una parte importante de las responsabilidades en la tragedia judía que hasta ahora soportaba en exclusiva la sociedad alemana en su conjunto. Por la misma razón, ofrece una respuesta sencilla a la inquietud que se deriva de la posibilidad de que una tragedia de tal mangitud pueda repetirse, señalando que la única manera de impedirlo descansa sobre nuestra capacidad para evitar, a toda costa, un conflicto semejante. Sin embargo, y aun siendo verdad que ya va siendo hora de acotar las responsabilidades de la sociedad germánica y de limitarla a algunos de los muchos intereses que en su seno, y de un modo u otro, estuvieron detrás de la catástrofe, conviene preguntarse si no existen argumentos suficientes para hacerlo que no pasen necesariamente por algunas asombrosas reflexiones como las que hemos reseñado -más impropias de los historiadores que de aquellos contadores “de almas muertas” de Nicolai Gogol- y que no impliquen afirmaciones cuya naturaleza, al tiempo que debilita las complejas tareas de detección y represión de los variados movimientos totalitarios emergentes, están neutralizando severamente la capacidad de respuesta de nuestra Civilización ante los muchos peligros, interiores y exteriores, que -como el totalitarismo islámico- a día de hoy nos amenazan...
Dejando a un lado los inconvenientes de este tipo de propuestas, lo que parece claro es que la línea argumental desarrollada por la historiografía dominante no puede responder algunas preguntas capitales. Y es que, a no ser que se acepte que eran peligrosos espías a sueldo de la Unión Soviética y de las perversas democracias de Occidente, o que se diga que fueron apresados armados hasta los dientes en una trinchera de combate, uno no puedo explicarse qué utilidad militar pudo haber tenido para los nazis la ejecución de más de un millón y medio de niños judíos, o la utilizáción de sus pieles para la confección de guantes de piel humana. Y, por lo demás, las estrictas precauciones con que, a diferencia de los bombardeos masivos o las ejecuciones públicas de prisioneros de guerra, buscaron alejar el genocidio del conocimiento de la opinión pública, no hacen sino levantar la sospecha de que las autoridades nazis tenían plena conciencia de que ni siquiera las contingencias impuestas por el conflicto podían justificar aquel espantoso acto de barbarie, que superaba con creces los límites morales en el ejercicio de la crueldad que, ni en tiempo de guerra, la Civilización a la que pertenecían se podía permitir el lujo de olvidar. Todo sugiere que aquel gigantesco genocidio no fue un mero efecto colateral de un conflicto planetario, y que la II Gran Guerra Mundial tampoco fue la excusa perfecta para su ejecución. En realidad, ambos formaban parte de un programa político cuya piedra angular había sido tallada en 1925 por Adolf Hitler en su Mein Kampf, con el que abogada por una guerra interminable que sólo alcanzaría su fin con el dominio absoluto alemán sobre el mundo conocido, y cuya viabilidad requería la absoluta erradicación del judaísmo de la faz de la tierra. Los que se vieron obligados a escuchar la música de los violines mientras cavaban con palas “una tumba en el cielo”, no lo fueron en su condición de «enemigos de guerra» o «enemigos políticos» del Reich sino como especimenes de una raza incompatible con la Civilización. Y el gran problema de la historiografía sigue siendo no sólo el averiguar cómo fue posible que una de las naciones más cultas de Europa no sólo conviniera en que la «Solución final» a los grandes males de Occidente pasaba por el radical exterminio del pueblo judío, sino también que, para llevarla a cabo, aceptara con absoluta naturalidad la creación de una gigantesca maquinaria de destrucción cuya asombrosa perfección en el ejercicio indiscriminado y gratuito de la crueldad representa, hoy como ayer, la más genuina representación del Apocalipsis. Y es aquí, y sólo aquí, donde la Shoa comienza a sobrepasar el contexto histórico en el que ocurrió y a hacerse relativamente invulnerable a todo intento de racionalización historiográfica capaz de permitirnos superar esa inquietud que el recuerdo de aquel irracional despliegue de crueldad nos sigue provocando todavía.
La Shoa puso en evidencia que la imagen que teníamos de nuestra Civilización como el modo histórico de organización social que mejor había logrado limitar el ejercicio de la violencia a un complejo marco de legitimaciones morales, no era otra cosa que un voluntarista mito protector. Después de Auschwitz, sabemos que lo único que nos separa de aquellas civilizaciones que siempre tuvimos por inferiores es que, para ejercer la crueldad, necesitamos tan sólo un más elevado nivel de sofisticación intelectual, como aquella con la que convertimos el viejo prejuicio antijudío generado por siglos de civilización cristiana en un mito racial devastador. Poner orden, música, a la extrema aflicción. Auschwitz aparece y reaparece ante nosotros como una gigantesca cicatriz cuyos bordes mal cosidos y peor cauterizados se enrojecen cuando las circunstancias nos recuerdan lo que un día no lejano también nosotros fuimos capaces de hacer y la extrema debilidad de nuestros valores culturales y políticos para hacer frente a las manifestaciones de un Mal Absoluto del que ya no nos podemos sentir ajenos. Su secreto escozor opera entonces con la fuerza de las premoniciones, y establece un vínculo entre nosotros y la Shoa que eleva el grado de nuestra concernibilidad ante aquella tragedia, situándola en el centro de la conciencia que tenemos de nosotros mismos como hijos de una civilización concreta, pero también como seres individuales más allá de las civilizaciones de las que formamos parte. En estas condiciones, no está en la mano de la historiografía evitar que su sola evocación nos siga suscitando escalofríos, porque su método no puede romper ese hilo que nos une a las simas insondables del "yo propio" cuya naturaleza imprevisible es sólo relativamente moldeable por las fuerzas de la Historia. Como advertía Primo Levi en un arrebato de extrema lucidez, el Holocausto sigue siendo un poderoso «agujero negro» que atrae vorazmente hacia su sima oscura, hasta inutilizarlos casi por completo, los prolíficos intentos con que la Historia ha intentado, infructuosamente, convertir en una forma muerta del «pasado» lo que, parafraseando a Faulkner, sigue siendo un pasado que se resiste a morir.



Sugerimos la lectura de los textos contenidos en los siguientes enlaces:

Reportaje gráfico de la representación de la obra de Teatro “Guantes de Piel Humana”, de Carlos Morales y Julio Clemente Lourtau.
”Guantes de Piel Humana” (Teatro, Reseña)
Amela Einat, La Cicatriz del Humo (Reseña).
Carlos Morales, “Nazismo y arte” (Artículo)
Carlos Morales, “En torno a Paul Celan” (Artículo)
Carlos Morales, “El silencio de Dios” (Artículo)
Carlos Morales, “El antisemitismo de Occidente” (Entrevista del novelista argentino Norberto Luis Romero)
Carlos Morales, Antología del Holocausto (Adelanto editorial)
Cartas en la noche: una carta de un superviviente.
Juan Ramón Mansilla, “Del antijudaísmo al antisemitismo” (Artículo)
Juan Ramón Mansilla, “Los libros negros” (Artículo)

21 comentarios:

Camille Stein dijo...

un pasado que nunca morirá... tal cúmulo de atrocidades será siempre una profunda sima en la memoria colectiva de la humanidad

un abrazo

Josep Fábrega Agea dijo...

El horror...que sigue sucediendo en África, en partes de China, en partes de Guatemala y de Méjico,en el Amazonas , en varios países asiáticos.
Se están cometiendo genocidios diariamente pero lo más triste es la actuación de los ultraortodoxos israelitas con el publo palestino, como es lamentable el terrorismo de los ultraortodoxos palestinos.
Lo triste es que descendientes de víctimas de la Shoa traten así a la población civil palestina que no son todos los palestinos ¿O quizás sí lo son? Eso dicen los ultraortodoxos israelitas y la mayoría del ejército israelí.
Tengo buenos amigos israelitas, todos me dicen lo mismo: "Hay que vivir aquí para entenderlo". Pues será eso , pero algo huele a podrido en Tel-a-viv.

MaLena dijo...

No hay palabras para definir las atrocidades que comete la mente alterada del hombre.

Duele, y duele más porque la historia no es lineal es cíclica y así vamos con todo lo que eso conlleva.


Abrazo.




Pd. nunca pude detener los ojos en las fotografías de ese momento, nunca.

Mayte dijo...

Yo respondo a eso hoy con un poco de la poesía de Celan...Bikiño.
======

Fuga de la Muerte

Negra leche del alba la bebemos al atardecer
la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus
mastines
silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra
ordena tocad para la danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita cavamos una tumba en el aire no
se yace estrechamente en él
Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad sonad
empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos son azules
cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la
danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y la mañana y al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes
Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro
venido de Alemania
grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como
humo en el aire
y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de
Alemania
te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules
te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido
de Alemania
tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita


Paul Celan

Nervinson Machado dijo...

La crueldad humana es la única propiedad común de la que se jactan los grupos de poder. Lo que en Alemania nazi sucedió fue simplemente una forma de monopolizar la barbarie. Algo que tocó su punto más alto en el siglo XX y que quizá no sea lo último que veamos en eta materia; para nuestra desgracia. Los ejemplos son muchos y ya han sido nombrados aquí. Los discursos se han renovado y han aprendido a musicalizar el horror. Aplaudo tu iniciativa, te mando un abrazo y todo el ánimo que pueda para poder entre mis manos en algún momento ese libro.

carmen dijo...

¿Cuesta mirar atrás y no olvidar?¿Cuesta mirar atrás y no perdonar? ¿De verdad crees que el hombre ha aprendido de sus errores?
No entiendo el pensamiento cruel hecho carne, no entiendo vivir a través del dolor ajeno y me cuesta respirar cuando leo, veo, siento el sufrimiento ajeno.
La vida terrenal tan corta y el hombre empeñado en no gozar de ella...
Un abrazo Carlos...

LUG - bicéfalo dijo...

Reflexión interesante que nos habla de la debilidad de los valores y los referentes culturales, de la música y la poesía... Auschwitz y mi escritura (o mi pensamiento): soy heredero de la debilidad que generó todo aquello.

No me cabe ninguna duda de que los valores culturales y éticos se mueven en una zona baja del espectro si lo comparamos con cosas tales como la excitación que provoca la carne y su destrucción. Ni el arte ni la ética tienen un alto poder de detección y previsión. Menos de respuesta. La cultura - por encima o al margen de las costumbres y los ritos, las divisiones militares y los cascos de colores(azules o pardos o rojos) - es poca cosa. Y no legitima la belleza el horror (el horror emputece a la belleza y la torna estupidez o excitación animal). Y creo que hay jugar con esa debilidad cuando hablamos de arte o escritura.

Otra cosa es la cuestión política donde creo que sí es preciso dotarse de instrumentos de control y monitorización, de poder, para comprender lo que puede estar sucediendo en el mundo de la incubación de huevos de serpientes. Yo me muevo malamente en el orden de la precariedad de las pompas de jabón machadianas.Pero creo que la política es necesaria. No me gustan los ejecutores de la misma (auqnue piense que mucho peor sería esos ejecutores necesarios si fuesen, además, poetas).La política: Males necesarios; seres imprescindible. La mediocridad de los jerarcas por un lado evita tentaciones pero, por otro lado, son defensas leves para un buen ataque totalitario

La cuestión judía tiene su historia y Auschwitz es un cambio significativo. Emerge de él aspectos de novedosa crueldad.
(Nota estética: ¿qué hubiera sido del holocausto judío si no lo hubiésemos visto en imágenes, si sólo nos lo hubieran narrado?)

Complejo, Carlos. Triste. Pero si esto no nos incita a una cierta acción ¿qué nos moverá?

Abrazos

R.A.B dijo...

Yo creo que Auschwitz abrió las puertas del infierno que vendría después. Después de Autzchwitz, quedó claro que el genocidio tendría que ser algo más... sutil. Preparar el ambiente para cuando, llegado el momento, hubiera que barrer a los sobrantes. ¿Sabías que hay gente que compra grasa humana? Es excelente para la piel (como el aceite tortuga, y el de caracol). Se consigue a precio de oro y el material viene de América Latina, donde saben cómo extraerla y las autoridades hacen la vista gorda a cambio de coima...
Auschwitz es el paradigma de lo que el homo sapiens es capaz de hacer cuando el amor se convierte en una marca de culebrón para ser vendido u olvidado. A falta de alma, buenos son los guantes de piel. Humana no: judía. Cuidado con el detalle.
Lo más irónico del caso es que, tanto los guantes como la grasa, provienen de razas supuestamente "inferiores", y que por tanto estarán al servicio del homo sapiens. Muertos sirven, vivos no. Como las vacas, los pollos y el paté de foie. Sólo que + caros. A precio de oro.

Tiemblo mientras lo pienso, y ese temblar redunda en mi escrito.
Ciclópeo trabajo te has propuesto. Salud!

javier galarza dijo...

Gracias por tu trabajo amigo.
La memoria, que tema...
Creo en la ética de eso que siempre vuelve para señalarnos, como la poesía de Celan.
Y lucho día a día por lograr que hagamos un mundo más justo, aunque el otro día leí un reporte sobre Chernobyl y lloré mucho. El compromiso es a cada momento y empieza por nuestro pequeño mundo, nuestras pequeñas acciones.
Un gran abrazo.

RECOMENZAR dijo...

Tremendo tu escrito te espero ;por mi blog para que mas gente pueda leerte besos van

El Toro de Barro dijo...

Querido Joseph:
No creo que sea adecuado comparar el genocidio llevado a cabo por los nazis contra el pueblo o la "raza" judía con las consecuencias lamentables de la guerra no declarada entre los palestinos y los israelíes. Sólo en un espectro -muy reducido- de ambas poblaciones existe una clara devoción por el exterminio del adversario. La gente normal, la gente sencilla, la gente que trabaja y que comercia, esta por la labor de conseguir una convivencia fructífera que parta por el reconocimiento mútuo de dos estados. Son, precisamente,estos sectores sensatos de dos pueblos condenados a entenderse los más perjudicados con estos "cantos de guerra" con que, guiados por principios éticos siempre bienintencionados, solemos manifestarnos en Occidente en favor de los unos o de los otros.
De esos cantos extraén los fanáticos no pocas fuentes de legitimación para el ejercicio de la violencia en una guerra constante en la que, repito, ninguno de los bandos busca el exterminio de los enemigos, sino el establecimiento de un nuevo orden territorial y de convivencia. Y esto diferencia, en su naturaleza, la actitud de ambos contendientes de la que tuvieron los nazis en su día contra el pueblo judío.

El Toro de Barro dijo...

CAMILLE: La imagen de la "sima" que propones es, sin duda, una de las mejores metáforas que conzco para comprender el estado de inquietud y de vértigo que nos acomete cuanto contemplamos de cerca aquella dantesca tragedia y cuando vemos en ella, en toda su magnitud, el estado de degradación moral a la que puede llegar el hombre, incluso el hombre de la que tenemos como la civilización más perfecta de la Tierra.

Yo, MALENA, no creo que la Historia sea cíclica; aunque las experiencias de las sociedades no siempre las conducen a un mayor grado de perfección, está claro que, en su mayoría, y casi siempre, han ayudado a hacerlas cada día un poco mejores.
No hay, en este sentido, ninguna civilización libre de "pecado", exenta de comportamientos genocidas, en la medida de que ninguna se ha visto ajena a las ideas absolutas en cuyo nombre se vio legítimo el exterminio de los desadeptos. Independientemente de su mayor o menor desarrollo, todas han visto como, de sus cuevas más oscuras, ha emergido el animal oscuro del totalitarismo que todos llevamos dentro. Pero todas, sin excepción, han comprendido -o están en ello- las consecuencias de dejar a ese animal extender sus dentelladas. Por eso es bueno, Malena, encontrar palabras para definir comportamientos de este tipo, porque de ello depende su control y su represión radical. No se trata de dejarse llevar por los espejismos de la esperanza en la bondad del hombre; se trata de sacar las conclusiones adecuadas para, de un modo pragmático, enfrentarse con rigor y con determinación -sin excluir nada- a sus crueles y arbitrarias dentaduras.

El Toro de Barro dijo...

Querido Luis:
Esta vez no coincido con algunas de as conclusiones que me ha dejado aquí tus BICÉFALAS palabras. Aunque en la percepción de las sociedad modernas avanzadas La Cultura y el Arte ocupa un discreto -aunque desigual- segundo plano, pueden llegar a ser determinantes para conformar la "conciencia" que esas mismas sociedades tienen de sus más o menos dramáticas vicisitudes. Pero coincidio con tu insinuación final, porque después de haber estudiado largamente este aspecto del genocidio nazi, me atrevo a decir que, si no llega a ser por las manifestaciones de la "canalla" del Arte, la realidad del Holocausto no hubiera podido saltar los gigantescos farallones de las instituciones académicas de los historiadores ni salir de los empolvados pasillos de los archivos de las cancillerías. No sólo ampliaron el conocimiento de la realidad del Holocausto: también nos ofrecieron las "imágenes" que nos han servido para formarnos una "conciencia" bastante clara de aquella realidad, sobre la que nos seguimos afanando por encontrar los mejores modos de defender los valores sobre los que hemos construido nuestra vida, con la certeza de que, a pesar de su debilidad, son valores sin los cuales no puede existir ningún tipo de Civilización. Yo sé que ésto molesta mucho a los historiadores, que acusan al arte, al periodismo, a la literatura, de haber prolongado la vigencia de la Shoa más allá de lo estrictamente establecido por la historia. Pero, en este y en otros muchos aspectos, los apenas cien versos del Todesfuge de Paul Celan, que con tanta amabilidad nos ha dejado MAYTE aquí tallados, y del que JAVIER GALARZA es, en mi modesto juicio, uno de los más inteligentes estudiosos, han hecho más por el conocimiento de la Shoa y por la conformación de la conciencia que hemos alcanzado a tener de ella, que los sesudos estudios de muchos historiadores.

El Toro de Barro dijo...

Querido NERVINSON: Tú, estudioso y recreador del alma antigua -tus poemas son, en este punto, realmente sobrecogedores-, sabes con delicada percepción el papel que ha jugado la crueldad en la historia de las Civilizaciones. Los discursos, como anotas, han cambiado, buscando nuevas formas de "música" para legitimar la barbarie. Tal vez no seamos capaces de detectar lo que esas nuevas músicas esconden la impostura, y para eso -de algún modo- trabajo como puedo. No quiero, no puedo dejar de ser incómodamente optimista. Lleva razón CARMEN cuando nos advierte de que es imposible olvidar el Holocausto, pero, con toda humildad, me atrevo a afirmar que el hombre, a pesar de sus limitaciones, siempre ha solido sacar lo mejor de sí mismo después de haber atravesado, desde el primero hasta el último, todos los anillos del infierno.

El Toro de Barro dijo...

Mi querida y admirable ROXANA:

Encinta como estás de la simbología gnóstica -lo dejan meridianamente claro algunos de los poemas que has editado en tu blog, FATA MORGANA-, te sé especialmente dispuesta para contemplar la dualidad espiritual en que se debate el Ser Humano. Más que inventar la crueldad, Auschwitz la ha llevado hacia su consumación. No la ha borrado del mapa, pero sí nos ha advertido de la vigencia de ese "animal oscuro" que todos llevamos dentro", como el caminante a su sombra. Lo que quiero decir es que el HOLOCAUSTO, en mi modesta opinión, no ha abierto las puertas al infierno que ahora contemplamos, como tampoco ha cerrado las puertas de los infiernos que no pudimos ver. Lo que sí ha hecho es entornar la puerta que conduce a las habitaciones más umbrías donde ese animal oscuro no cesa de mugir. Y lo que precisamos es saber los modos y las estrategias que permitieron que ese animal oscuro abriera de tal modo sus fauces que acabara engullendo los limites morales, éticos y aún religiosos, que con tanto trabajo Europa había logrado construir. Necesitamos saberlo para aplastarlo de raíz. Por eso, por un mero sentido práctico, no podemos meter en el mismo saco todas las formas de violencia; no se puede reprimir ni combatir ideológicamente del mismo los accesos totalitarios emergentes en Europa o en Estados Unidos que a la mafia calabresa o de Chiuahua, que al totalitarismo teocrático de origen waabista que aqueja al mundo árabe, o al totalitarismo nacionalista de ETA o del IRA; a las mafias dedicadas al secuesto de niños para extraerles órganos, o a los nazis que en Buchenwald utilizaban las pieles para hacer guantes de piel humana, lámparas o forros para biblias. Son -todas ellas, y sin duda alguna- expresiones del "animal oscuro" o del "demiurgo" de los gnósticos, para los que -como decía Bertold Brehct- "el hombre vale lo que un saco de arroz", pero lo que los despierta no es lo mismo.
Lo digo porque para aplastarlos no basta sólo con la represión polícial o militar, hace falta también una ofensiva ideológica y cultural que, en cada caso, debe ser distinta, empezando por las escuelas y acabando por los parlamentos y por los periódicos. Roxana, si, en este tema o en cualquier otro de nuestra, a la hora de elegir el camino correcto nos dejamos ofuscar por las emociones, por la pasión o por los disturbios de la pasión, date por seguro que habremos fracasado. Europa fracasó al utilizar contra Hitler su bienintencionado pacifismo, por ejemplo...No, Roxana, no; no podremos nunca acabar con el oscuro animal, lo que sí podemos es ahorrojarlo en las sentinas del propio espíritu, unas veces con cadenas de hierro, y otras con cadenas palabras de fuego...
Un beso muy grande, RAB.

Antígona dijo...

Yo es que creo, querido Carlos, que las más lúcidas respuestas al porqué del Holocausto, respuestas parciales, respuestas incompletas, respuestas que, desde luego, no agotan el problema pero que, a mi juicio, nos dan ciertas claves para seguir reflexionando sobre él, no son las que ha dado la historiografía, siempre demasiado corta de miras, sino las que ha proporcionado la filosofía, capaz de sobrevolar la historia concreta para ofrecernos una perspectiva más amplia, más omniabarcante. Y me refiero a las respuestas de Horkheimer y Adorno, con su “Dialéctica de la Ilustración”, para quienes Auschwitz no es más que el resultado de la exacerbación de una racionalidad instrumental, de una racionalidad de medios, cuyo desarrollo y potenciación ha ninguneado el de la racionalidad que realmente puede guiarnos en la praxis e impedir que masacres como la de Auschwitz se repitan, que es la racionalidad de fines. El sueño de la razón produce monstruos, sí. Pero todo depende de qué se entienda por razón. Porque la razón funcionaba a pleno rendimiento cuando los alemanes inventan las cámaras de gas, esas fábricas de producción de cadáveres, que dijo otro filósofo: la eficacia elevada a la máxima potencia cuando de lo que se trata es de matar gente con el menor número de costes y en el menor tiempo posible. Sin embargo, la razón es y debe ser otra cosa.

Y me refiero también a Hannah Arendt, o a Günter Anders con su “Nosotros, hijos de Eichmann”, o a Jean Amery, o a tantos otros que, por diferentes razones, desde muy diversas motivaciones, creyeron firmemente que, tras el Holocausto, la tarea más urgente del pensar era reflexionar sobre las condiciones que lo habían hecho posible. Justamente para que no se repitieran.

Me interesa mucho este tema y te felicito vivamente por el post. Me interesa mucho también todo lo que tenga que ver con la poesía surgida de Auschwitz, por lo que tiene de contestación a aquella sentencia del propio Adorno de la imposibilidad de la poesía después de Auschwitz. Y me interesa mucho Celan. Así que iré visitando poco a poco los links que has puesto, que estoy segura me aportarán muchas cosas.

Hace ya mucho escribí también algo en el blog relacionado con esta cuestión. Te dejo el link por si te apetece echarle un vistazo: http://lacoleradeaquiles.blogspot.com/2008/03/supervivientes-ii-culpa.html

Muchas gracias de nuevo por esta tan acertada conmemoración del aniversario de Auschwitz y un abrazo!

Nervinson Machado dijo...

Carlos, como siempre me toca dejar aquí un agradecimiento a tus palabras. Quisiera compartir esta entrevista donde hablo un poco sobre Gilgamesh, la Historia del Libro y la memoria.

http://www.centrodeinteligenciapolitica.com/2010/01/entrevista-al-poeta-venezolano.html

Un abrazo.

Mariano dijo...

Y pensar que en mi blog, en un articulo sobre el significado de la esvastica un "lector" por no decir una guazada, tilda al genocidio de invento....

Y voy a citar otras de mis frases preferidas

“Auschwitz empieza dondequiera que alguien mira un matadero y piensa: son sólo animales.”
Theodor Wiesengurnd Adorno (filósofo, sociólogo y psicólogo alemán)

Saludos

Shandy dijo...

Muy interesante tu entrada, pero también los comentarios y las respuestas. Destacaría estas palabras tuyas con las que coincido (copio y pego):

"No se puede reprimir ni combatir ideológicamente del mismo los accesos totalitarios emergentes en Europa o en Estados Unidos que a la mafia calabresa o de Chiuahua, que al totalitarismo teocrático de origen waabista que aqueja al mundo árabe, o al totalitarismo nacionalista de ETA o del IRA...
Lo digo porque para aplastarlos no basta sólo con la represión polícial o militar, hace falta también una ofensiva ideológica y cultural que, en cada caso, debe ser distinta, empezando por las escuelas y acabando por los parlamentos y por los periódicos".

"No podremos nunca acabar con el oscuro animal, lo que sí podemos es aherrojarlo en las sentinas del propio espíritu, unas veces con cadenas de hierro, y otras con cadenas palabras de fuego"...
Si bien la educación, la formación y la cultura puede ser arma de doble filo (con ella se puede manipular), también es la esperanza para formar un pensamiento más libre y crítico.

La formación de mi pensamiento proviene más de la literatura y el arte en general y por ello sí creo que tienen un alto poder de concienciación. Claro que a mí siempre me ha generado más preguntas que respuestas y por ello coincido con Antigona que es en el campo de la filosofía donde podemos encontrar éstas últimas.
Me gustaría ser optimista, pero creo que hay muchos campos de concentración y muerte (sin pretender minimizar el Holocausto)abiertos en esta era de la golbalización. La concienciación viene en gran medida por la información y el material al que tenemos acceso ( y del horror nazi hay buena documentación como aquí se puede ver). Por eso bienvenidos sean historiadores, filósofos, artistas, poetas, periodistas, blogs, maestros... que recuerdan y testimonian el horror del pasado y del presente.
Dejo también unas palabras de Herta Müller que encabezan una entrevista y que creo que plantean un buena reflexión: "La utopía es propensa a los totalitarismos"
http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=12546&sec=31&num=921

Y por último un fragmento de un cuento de Galeano:
"El capitán Castañón, héroe del ejercito vencedor, pasó toda la noche en vela, atrapado, leyendo y releyendo a Cesar Vallejo, poeta de los vencidos. Y al amanecer de esa noche, renunció al ejercito y se negó a cobrar ni una peseta más deñ gobierno de franco. Después, lo metieron preso; y se fue al exilio".
De El libro de los abrazos
Un abrazo y gracias por recordar.

tekla dijo...

primera vez que entro al blog, y, desde la Argentina, que hemos vivido años de dictadura y genocidio, no hago más que coincidir en tus apreciaciones y maravillarme por la investigación realizada.

un abrazo, Ricardo

fgiucich dijo...

Cuando la maldad humana llega a su máxima expresión. Abrazos.