El Toro de Barro

El Toro de Barro

jueves, 26 de julio de 2007

El Cantar de los Cantares

Eva Reguera

Carlos Morales
y
El Cantar de los Cantares

Luís María Anson

La novia, hermosa como las tiendas de Quedar, dulce y encantadora como Jerusalén, terrible como un ejército en orden de batalla, enferma de amor, de amor muriendo, le dice al novio: «invítame a tu alcoba, disfrútame y gocemos, y déjame que alabe el vino de tu amor, al hombre entre los hombres más amado».
El novio quiere escuchar la dulzura de la voz deshabitada y probar el azúcar del talle de la amada, y la seda caliente. Por eso le habla de sus ojos que son palomas que emergen de su velo; de la cinta escarlata de sus labios; y de sus pechos «como crías mellizas de gacela que saltan hacia mí, paciendo entre azucenas por los valles». Le habla el novio, en fin, de su boca que «destila miel virgen sobre mí, la leche y la miel que ocultas debajo de la lengua…» Y aspira entre jadeos sus aromas de canela fina.
La novia, enferma de amor, se extasía: «Por el hueco de la cerradura mi amado su mano entró y mis entrañas temblaron». Dice que los ojos de su enamorado son «palomas en la orilla del río», manaderos de mirra son sus labios, y sus piernas «columnas de alabastro creciendo hacia lo alto sobre basas doradas».
El novio, erecto el deseo sobre los carros de Aminadab, se complace en las caderas de la amada, en su ombligo rebosante de vinos aromados y en su vientre, montón de trigo encinto de azucenas. Vuelve a cantar las «gacelas mellizas de sus pechos», las aguas desbordadas de sus ojos y su rostro que flota en el aire como el Monte Carmelo. Prueba el novio el vino generoso del paladar manante de la amada, enlaza su talle flexible como una palmera y asciende tembloroso hacia los racimos de uvas de sus pechos.
La novia invita al amado a beber «del licor de mi granada». Su pasión es insaciable hasta la devastación, «saetas de fuego son sus flechas, llamaradas de Yahvé». Ni los ríos podrán anegar el fuego de su amor pues «mis pechos son las torres, y yo una muralla que a mi amado protege en su refugio».
Bellos, bellísimos versos de El cantar de los Cantares los que ha escrito Carlos Morales en su versión de El Toro de Barro. De ese poema asombroso deriva casi entero San Juan de la Cruz. Desde la versión de Fray Luís en 1561, los amores de Salomón y la Sulamita han conocido cien traducciones y adaptaciones desde la puramente erótica al símbolo alegórico de Cristo y la Iglesia. Entre tanta agitación política, en fin, como nos sacude estos días, reconforta detenerse a leer estos versos admirables de Carlos Morales, que ha convertido en actualidad periodística El Cantar de los Cantares.

Luis María Anson
de la Real Academia Española

(«Canela fina» publicada en el Diario LA RAZÓN el 5 de junio de 2003)



3 comentarios anteriores:
Azul dijo...
Maravilloso espacio el tuyo...un placer volver y encontrase con cosas como ésta. Bikos mil. (23 de julio de 2007 20:39)
Carles Riba (Sabadell) dijo...
Anson es un personaje que no goza de mi devoción. Pero reconozco en él una enorme grandeza literaria. Sus famosas "Canelas" dedicadas a la literatura, suelen ser reelaboraciones de los libros que le entusiasman: algo así como si escribiera versos distintos con los versos que le proporciona el autor de los libros que lee. Son refritos, sin duda, pera de una emoción literaria realemente inolvidable. En este caso, la ocasión lo merecía. Lo merecía El Cantar, y lo merecía su versión de El Cantar, que tengo reiteradamente el gusto de leer con la frecuencia con que se leen los buenos textos. (24 de julio de 2007 7:07)
Isabel Romana dijo...
Me ocurre lo que a Carles Riba, y he de confesar que he leído con interés y agrado el artículo escrito en torno a la versión de Carlos Morales. Felicidades al autor de la vesión y a tí como editor. Feliz verano. (24 de julio de 2007 22:21)

1 comentario:

Priscila dijo...

que lindo que está tu espacio si asi esta lo de afuera, que genial será lo de adentro

saludos desde méxico